Un día como hoy se inventaba la dinamita

El 14 de julio de 1867, el químico sueco Alfred Nobel concretaba la primera demostración pública de su invento, la dinamita.

La dinamita es un explosivo muy potente compuesto por nitroglicerina, una sustancia explosiva líquida a temperatura ambiente y muy inestable que al ser absorbida en un medio sólido (inicialmente, caparazones silíceos de diatomeas), se convierte en un explosivo más estable. Desempeña un papel muy importante en trabajos como la excavación de montañas, la construcción de carreteras, demoliciones y en general cualquier obra pública que requiera el movimiento de masas rocosas.

Sin embargo también se generalizó su uso como explosivo militar. Fue inventada por Alfred Nobel en 1866 y patentada en 1867, lo que unido a la explotación de los campos petroleros de Bakú (Azerbaiyán) le hizo ganar su gran fortuna.

La nitroglicerina, descubierta en 1847 por el químico italiano Ascanio Sobrero, era un explosivo muy potente, demasiado inestable y difícil de manipular y de transportar para la guerra y muy peligroso para aplicaciones civiles.

En 1864 una explosión de nitroglicerina mató a cinco personas, entre ellas, al hermano pequeño de Nobel. A raíz de esta tragedia se concentró en la tarea de conseguir un método para manipular con seguridad la nitroglicerina, que a mediados del siglo XIX era el explosivo más utilizado; que es un líquido muy sensible a los golpes, que hace muy difícil su manejo y además provocaba muy a menudo graves accidentes.

En 1867 Nobel consiguió fabricar la dinamita, mezclando la nitroglicerina con un material absorbente (la tierra de diatomeas), y así obtuvo un polvo que se podía percutir e, incluso, quemar al aire libre sin que explotara. Sólo explotaba cuando se utilizaban detonadores eléctricos o químicos. Así nació la dinamita, un explosivo más estable y manejable que la nitroglicerina, líquida a la temperatura ambiente.

El invento de la dinamita hizo que tareas pertenecientes al mundo de la construcción y la minería, progresaran a una gran velocidad en la historia, aunque también fue de una gran utilidad en la fabricación de explosivos para el armamento.

Pero la historia para Nobel cambió radicalmente por una noticia publicada erróneamente. El 12 de abril de 1888, Alfred Nobel se sorprendió al leer su propio obituario, al que habían titulado “El mercader de la muerte ha muerto”, en un periódico francés. Dado que era su hermano Ludvig el que realmente había fallecido, el obituario se había publicado por error ocho años antes de la muerte de Alfred Nobel. Este artículo le desconcertó y le volvió aprensivo acerca de cómo sería recordado, inspirándole a cambiar su testamento. Habían nacido los Premio Nobel.

Nobel escribió varios testamentos en vida; el último poco más de un año antes de morir, que firmó el 27 de noviembre de 1895 en el Club Sueco-Noruego de París. Para sorpresa generalizada, el último testamento de Nobel especificaba que su fortuna se emplease en crear una serie de premios para aquellos que llevasen a cabo “el mayor beneficio a la humanidad” en los campos de la física, la química, la fisiología o medicina, la literatura y la paz.

“La totalidad de lo que queda de mi fortuna quedará dispuesta del modo siguiente: el capital, invertido en valores seguros por mis testamentarios, constituirá un fondo cuyo interés será distribuido cada año en forma de premios entre aquellos que durante el año precedente hayan realizado el mayor beneficio a la humanidad.

Alfred Nobel legó así el 94 % de sus activos totales, 31 millones de coronas suecas, para establecer los cinco premios. Con el objeto de hacerse cargo de la fortuna y organizar la adjudicación de los galardones, sus albaceas Ragnar Sohlman y Rudolf Lilljequist formaron la Fundación Nobel.


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