El día que la intolerancia arrasó el país

Hoy es el aniversario de una de las páginas más tristes y dolorosas de la historia argentina, el bombardeo a Plaza de Mayo.

Un grupo de militares y civiles opuestos al Gobierno del presidente Juan Domingo Perón intentaron asesinarlo y llevar adelante un golpe de Estado y, si bien fracasaron en su propósito, varios escuadrones de aviones pertenecientes a la Aviación Naval bombardearon y ametrallaron con munición aérea la Plaza de Mayo y la Casa Rosada, así como el edificio de la CGT (Confederación General del Trabajo) y la entonces residencia presidencial.

A las 12:40, la escuadra de treinta aviones de la Marina de Guerra argentina, que había estado sobrevolando la ciudad desde hacía bastante tiempo, inició sus bombardeos y ametrallamientos al área de la Plaza de Mayo. Entre las primeras víctimas se contaron los ocupantes de los vehículos de transporte público de pasajeros. La primera bomba cayó sobre un trolebús repleto de niños, muriendo todos sus ocupantes.

Al enterarse de que la Casa Rosada estaba bajo ataque, miles de obreros se movilizaron para respaldar a las tropas leales, pero fueron atacados al llegar por una segunda ola de bombardeos.

Se arrojaron 9500 kg de bombas, y se dispararon innumerables balas. Hacia las 17:40, cuando Perón llevaba unos diez minutos hablando por cadena nacional y la Plaza de Mayo se había llenado nuevamente de personas, un Fiat G-6 de la Fuerza Aérea efectuó un último vuelo rasante, ametrallando sobre la multitud, antes de escapar a Uruguay.

En total, perdieron la vida más de 308 personas, y más de 700, entre civiles y militares, resultaron heridas.

El desprecio absoluto por la vida humana y la violencia con la cual se ejecutó el hecho, de una magnitud nunca vista anteriormente en Argentina, hacen que se lo vincule con el terrorismo de Estado, aparecido años después en el país.

En 2010, el Archivo Nacional de la Memoria de la Secretaría de Derechos Humanos publicó una investigación oficial en la que identificó a 308 muertos, aclarando que a esa cantidad debían sumarse «un número incierto de víctimas cuyos cadáveres no lograron identificarse, como consecuencia de las mutilaciones y carbonización causadas por las deflagraciones». El acto constituyó, irónicamente, el bautismo de fuego de la Aviación Naval Argentina (contra los propios argentinos).

Dos meses después, los principales cabecillas de la rebelión fueron condenados, pero el gobierno no logró sofocar el clima insurreccional al interior de las Fuerzas Armadas y Perón sería derrocado el 16 de septiembre de 1955.

La autodenominada "Revolución Libertadora" asumiría el control del país e instauraría una férrea política represiva contra el peronismo, que sería proscripto, y contra la clase trabajadora.


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